{"id":5466,"date":"2011-05-30T23:00:00","date_gmt":"2011-05-30T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/?p=5466"},"modified":"2021-08-04T13:05:12","modified_gmt":"2021-08-04T13:05:12","slug":"africa-mas-alla-de-la-crisis-la-estabilizacion-del-continente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/africa-mas-alla-de-la-crisis-la-estabilizacion-del-continente\/","title":{"rendered":"\u00c1frica m\u00e1s all\u00e1 de la crisis: la estabilizaci\u00f3n del continente"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"caption alignleft size-full wp-image-5465\" style=\"float: left; margin-right: 4px;\" height=\"211\" alt=\"fundcarolina\" src=\"https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/fundcarolina.jpg\" width=\"150\" srcset=\"https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/fundcarolina.jpg 483w, https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/fundcarolina-213x300.jpg 213w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo para la publicaci\u00f3n&nbsp;<strong><em>La agenda africana de desarrollo: el papel de Espa\u00f1a y la Uni\u00f3n Europea. <\/em><\/strong>Documento de trabajo n\u00ba48 de la serie de publicaciones de Fundaci\u00f3n Carolina &#8211; Cealci. &nbsp;<\/p>\n<p><b><br \/><\/b><\/p>\n<p><strong><br \/><\/strong><\/p>\n<p style=\"margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px;\">\u00a0<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-5465\" src=\"https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/fundcarolina.jpg\" width=\"200\" height=\"281\" alt=\"fundcarolina\" class=\"blog_heading\" style=\"float: left; margin-right: 4px;\" srcset=\"https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/fundcarolina.jpg 483w, https:\/\/ul-standards.org\/iecah\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/fundcarolina-213x300.jpg 213w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/b><\/p>\n<p><b>Cap\u00edtulo para la publicaci\u00f3n&nbsp;<span style=\"color: #ff9900;\"><em>La agenda africana de desarrollo: el papel de Espa\u00f1a y la Uni\u00f3n Europea.<\/em> <\/span>Documento de trabajo n\u00ba48 de la serie de publicaciones de Fundaci\u00f3n Carolina &#8211; Cealci.<\/b><\/p>\n<p><b><br \/><\/b><\/p>\n<p>El ciudadano occidental medio puede comprobar a diario que, a pesar de vivir en un mundo globalizado en el que todos los asuntos nos afectan, \u00c1frica sigue sin existir en los medios de comunicaci\u00f3n a los que suele acceder. Y cuando raramente aparece en ellos, es, en una abrumadora mayor\u00eda de los casos, ligada a desastres, sean estos naturales o derivados de un comportamiento humano violento, discriminador o abusivo.<\/p>\n<p>Esta realidad provoca, por un lado, un alto grado de ignorancia sobre lo que all\u00ed sucede, equivocadamente convencidos de que podemos vivir al margen de lo que le ocurre a unos 900 millones de personas de lenguas, etnias y creencias religiosas muy diversas. Por otro, contribuye a la permanencia de unos estereotipos negativos totalmente desactualizados, instalados en el imaginario colectivo occidental desde la \u00e9poca de la colonizaci\u00f3n. Salvo excepciones, todav\u00eda hoy es mayoritaria la preferencia por seguir alimentando una visi\u00f3n caricaturizada en t\u00e9rminos de una cierta incapacidad intelectual \u2013apenas compensada por una supuesta exuberancia f\u00edsica\u2013, infantilismo y salvajismo, que explicar\u00edan por s\u00ed mismas la falta de desarrollo y el alto nivel de violencia que caracterizan a un continente tan diverso como marginado.<\/p>\n<p>A partir de esa consideraci\u00f3n elemental, las p\u00e1ginas que siguen pretenden contribuir m\u00ednimamente a que se produzca un cambio en la percepci\u00f3n que, desde Occidente, tenemos sobre una realidad tan pr\u00f3xima, pero tan lejana al mismo tiempo. Para ello, y en primer lugar, se aborda un an\u00e1lisis de los fundamentos de un viejo juego que las potencias occidentales han dise\u00f1ado espec\u00edficamente a partir de la descolonizaci\u00f3n de \u00c1frica. Es un esquema que, en sus rasgos principales sigue vigente hasta nuestros d\u00edas, con el objetivo central de asegurar nuestros intereses a lo largo y ancho del continente. A este objetivo se ha subordinado cualquier otro, en un af\u00e1n innegable de control de sus valiosos recursos naturales, hoy reverdecido ante la apuesta que nuevos actores emergentes plantean en este mismo escenario.  En segundo lugar, y desde una perspectiva de paz y seguridad, se trata de analizar lo que la Uni\u00f3n Europea hace y puede\/debe hacer en \u00c1frica, en competencia con otros actores, y ante la constataci\u00f3n b\u00e1sica de que el modelo de relaciones implementado hasta ahora solo ha logrado, mal que bien, asegurar los privilegios y beneficios de los m\u00e1s poderosos a costa de la marginaci\u00f3n y sufrimiento de la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n africana. Las limitaciones de dicho modelo \u2013con su acumulado balance de corrupci\u00f3n generalizada, ineficiencia estatal, autoritarismo, insoportables d\u00e9ficit democr\u00e1ticos y de derechos humanos\u2026\u2013 parecen imponer un cambio. Lo que queda por ver es si se apuesta por \u201ccambiarlo todo, para que todo siga igual\u201d o si se asume la necesidad de reformar en profundidad unos modelos de desarrollo y seguridad que pongan en primer t\u00e9rmino las necesidades y expectativas de los africanos, en clave de seguridad humana.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff9900;\"><strong>I. UN JUEGO MUY VIEJO <\/strong><\/span><\/p>\n<p>Este enfoque, que tambi\u00e9n gusta de asignar a los africanos la responsabilidad exclusiva de todos los problemas que les afectan, prefiere cerrar los ojos a la corresponsabilidad que les incumbe a los actores externos (no solo en el pasado colonial sino en el presente m\u00e1s inmediato). Desde una perspectiva hist\u00f3rica parece claro que, una vez impelidos a descolonizar, las potencias occidentales han optado por una relaci\u00f3n con el vasto territorio africano basada en tres pilares interrelacionados que, a grandes rasgos, se mantienen vigentes: a) la estabilidad a toda costa del continente, orientada a la preservaci\u00f3n de los intereses de los actores dominantes (principalmente for\u00e1neos, pero tambi\u00e9n locales); b) la explotaci\u00f3n de sus ingentes recursos; y c) la apuesta por gobernantes locales que aseguren los dos pilares anteriores.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff9900;\"><em><strong>I.1. La estabilidad a toda costa <\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el primero de los pilares citados, la estabilidad, se acumulan dos errores ya cl\u00e1sicos. En primer lugar, lejos de considerarla como un medio al servicio de un fin superior \u2013el bienestar y la seguridad de los africanos\u2013, se ha convertido en un objetivo en s\u00ed mismo, al que se supedita de hecho cualquier otra consideraci\u00f3n. Adem\u00e1s, se tiende a entenderla en clave est\u00e1tica, confundida con el mantenimiento del <i>statu quo<\/i>, sin entrar a evaluar si la situaci\u00f3n que se pretende conservar es justa y sostenible o si, por el contrario, es el resultado del abuso y en s\u00ed misma generadora de exclusi\u00f3n e inseguridad para la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Precisamente en este punto se identifica la clave de la labor a desarrollar a favor no tanto de los Estados africanos como de los seres humanos que los habitan. Dicho de otro modo, el mantenimiento de la situaci\u00f3n actual de \u00c1frica \u2013en clave de estabilidad est\u00e1tica\u2013 no puede ser el objetivo a lograr, puesto que significar\u00eda consolidar a\u00fan m\u00e1s la enorme brecha de desigualdad que castiga colectivamente a la mayor\u00eda de quienes all\u00ed malviven, preservando por el contrario los privilegios de unas \u00e9lites pol\u00edticas y econ\u00f3micas, bien conectadas con sus interlocutores occidentales y apoyadas por ellos para, conjuntamente, colaborar a la pervivencia <i>sine die <\/i>del discriminatorio modelo vigente. No puede caber ninguna duda sobre el valor positivo de la estabilidad; pero solo si es asumida en t\u00e9rminos din\u00e1micos para lograr a trav\u00e9s de las necesarias reformas, como fin \u00faltimo, una estabilidad estructural que solo se puede dar por alcanzada cuando se logre garantizar el bienestar y la seguridad de todos los africanos. Este objetivo solo puede lograrse a largo plazo, con un esfuerzo sostenido conjuntamente por los actores locales y exteriores, procurando la satisfacci\u00f3n de las necesidades b\u00e1sicas del conjunto de la poblaci\u00f3n y la garant\u00eda de seguridad para cada uno de ellos.<\/p>\n<p>El pivote fundamental de este empe\u00f1o es la apuesta por el desarrollo en su triple vertiente, social \u2013evitando la exclusi\u00f3n, marginaci\u00f3n, discriminaci\u00f3n o vulnerabilidad de personas o grupos dentro de un mismo territorio, sea por cuestiones \u00e9tnicas, religiosas o de cualquier otro tipo\u2013, pol\u00edtica, \u2013permitiendo que cada individuo pueda elegir libremente a sus representantes y ser elegido como representante de otros\u2013y econ\u00f3mica \u2013procurando la satisfacci\u00f3n de  las necesidades m\u00e1s elementales, el funcionamiento  de los servicios p\u00fablicos b\u00e1sicos  y la integraci\u00f3n en el mercado laboral  y en los circuitos comerciales y financieros  internacionales\u2013. Nada de esto puede  alcanzarse si no existe un Estado que  funcione \u2013en muchos rincones de \u00c1frica, en  contra de lo que propone el discurso neoliberal  dominante, lo que se necesita es,  precisamente, m\u00e1s Estado y no menos\u2013 y  una sociedad civil fuerte y aut\u00f3noma,  todo ello en enmarco de legitimidad y legalidad  propio de un Estado de derecho.<\/p>\n<p>Es prioritario, por tanto, entender que la estabilidad  no significa ni volver a ning\u00fan  tiempo pasado paradis\u00edaco \u2013inexistente,  por otro lado\u2013 ni congelarlo, como si la situaci\u00f3n  actual fuera la realmente deseable.  Tampoco sirve imponerla a trav\u00e9s de sistemas  totalitarios, represivos y contrarios  a la voluntad popular, anulando por la fuerza  la emergencia de sensibilidades sociopol\u00edticas  distintas a las del poder, en contextos  que acaban por convertir a los detentadores  de ese poder estatal en los principales  violadores de los derechos humanos  de sus ciudadanos. Aunque ese esquema  haya sido el imperante hasta aqu\u00ed,  y sea el preferido de un muy reducido (pero  a\u00fan poderoso) n\u00famero de actores, el conjunto  de los africanos aspira a un futuro mejor  que pasa, inevitablemente, por la profunda  reforma de sus actuales modelos sociales,  pol\u00edticos y econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>En ese loable intento, quienes solo podemos  considerarnos observadores interesados  debemos entender que el protagonismo  fundamental de la tarea recae en los  actores locales. Son ellos los que deben liderar  la estrategia de salida. Al resto \u2013Uni\u00f3n  Europea incluida\u2013 solo nos corresponde  complementar el esfuerzo, sin dejarnos  vencer por una visi\u00f3n cortoplacista que siga  pensando que el actual <i>statu quo <\/i>es beneficioso  para nuestros intereses y que, por  tanto, interprete que cualquier alteraci\u00f3n de  la situaci\u00f3n de partida es, por definici\u00f3n,  una mala noticia. Es preciso comprender,  en consecuencia, que la verdadera estabilidad  de un territorio es la que deriva del  convencimiento de quienes lo habitan  para preservar lo que tienen y para mejorar  sus modelos de convivencia y de resoluci\u00f3n  pac\u00edfica de sus diferencias. Es \u00e9sa  la estabilidad a la que se debe aspirar, en  un proceso que, en lugar de inclinarse por  consideraciones geopol\u00edticas y geoecon\u00f3micas,  opte por la seguridad humana, el  imperio de la ley y el pleno respeto a los derechos  humanos como gu\u00edas de actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Asumir esa visi\u00f3n supone, asimismo, ir  m\u00e1s all\u00e1 de la mera gesti\u00f3n de los problemas  para aspirar a su resoluci\u00f3n. El primer  enfoque, que ha sido el preferido hasta hoy,  \u00fanicamente se interesa por establecer  \u201ccordones sanitarios\u201d que encapsulen los  problemas africanos, en un intento (cada  vez m\u00e1s bald\u00edo) de mantenernos a salvo de  lo que all\u00ed ocurre. En l\u00ednea con este planteamiento,  de car\u00e1cter netamente reactivo,  solo se act\u00faa ante estallidos de violencia o  ante sucesos que puedan poner en cuesti\u00f3n  los intereses realmente prioritarios (al  tiempo que se mantienen los mecanismos  paliativos cl\u00e1sicos, con la cooperaci\u00f3n al  desarrollo como el m\u00e1s se\u00f1alado). En  todo caso, esa f\u00f3rmula solo busca volver  a la situaci\u00f3n de partida, sin aspirar en ning\u00fan  caso a analizar las causas profundas  que hayan generado el problema y, mucho menos, a potenciar verdaderas soluciones estructurales.<\/p>\n<p>Es, por tanto, el segundo enfoque (el de la resoluci\u00f3n de los problemas) el que debe orientar la respuesta, entendiendo la necesidad de eliminar las causas profundas que terminan por provocar el estallido violento en sociedades sin suficientes mecanismos de mediaci\u00f3n, negociaci\u00f3n y resoluci\u00f3n pac\u00edfica de las controversias. Lo prioritario en este terreno, desde una \u00f3ptica esencialmente preventiva, es reducir dr\u00e1sticamente las brechas de exclusi\u00f3n- sociales, pol\u00edticas y econ\u00f3micas- que posibilitan el caldo de cultivo en el que germina la violencia. Todo ello sin olvidar, l\u00f3gicamente, la necesidad de cerrar definitivamente los conflictos violentos que salpican hoy al continente, procurando poner en marcha programas de reconstrucci\u00f3n posb\u00e9lica que impidan su reca\u00edda a corto plazo. Hoy por hoy sigue siendo \u00e9sta una asignatura pendiente en la mayor\u00eda de las sociedades africanas; pero aun reconociendo la complejidad de su implementaci\u00f3n, no puede caber duda alguna sobre su idoneidad para impulsar esfuerzos prolongados y simult\u00e1neos en el terreno del desarrollo y de la seguridad.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff9900;\"><em><strong>I.2. La explotaci\u00f3n de recursos<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p>El juego es tan viejo como bien documentado. La gran diversidad y volumen de recursos naturales africanos, vitales para el desarrollo econ\u00f3mico mundial, ha estimulado desde hace mucho tiempo la codicia por su posesi\u00f3n. Si primero las principales potencias mundiales pudieron hacerlo de manera directa \u2013a lo largo de una etapa de colonizaci\u00f3n que a\u00fan hoy levanta l\u00f3gicos resquemores y que ha dejado una profunda huella en buena parte de los 54 pa\u00edses africanos\u2013, hubo que pasar posteriormente a otros mecanismos que asegurasen su control. Para ello se opt\u00f3 por una estrategia, ensayada con notable \u00e9xito en otras latitudes como en el mundo \u00e1rabo- musulm\u00e1n, consistente en una divisi\u00f3n territorial que, sin tener para nada en cuenta los deseos de las poblaciones locales, gener\u00f3 el actual rompecabezas africano, fragmentado y artificial, obligando a vivir juntos a comunidades que no ten\u00edan ning\u00fan deseo de hacerlo.<\/p>\n<p>Sirva Sud\u00e1n a modo de ejemplo actual sobre las consecuencias de decisiones adoptadas desde el exterior (en este caso por parte de Londres, como hegem\u00f3n mundial en aquella \u00e9poca). Cuando hoy el pa\u00eds m\u00e1s extenso de \u00c1frica est\u00e1 a punto de la ruptura interesa recordar que fue Gran Breta\u00f1a quien decidi\u00f3, a la finalizaci\u00f3n de la II Guerra Mundial, unir bajo una \u00fanica autoridad a dos comunidades \u2013\u00e1rabe y musulmana en el norte, y negra y cristiana\/animista en el sur\u2013 en funci\u00f3n de sus propios c\u00e1lculos geoestrat\u00e9gicos. Aunque ya desde su independencia, en 1956, se hizo evidente el abierto deseo del sur por liberarse del dominio del norte y seguir su propio camino, hemos asistido a un proceso de creciente violencia que no solo no ha solucionado ninguno de los problemas de partida, sino que ha a\u00f1adido otros nuevos que auguran m\u00e1s inestabilidad y m\u00e1s sufrimiento para quienes habitan la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por un lado, con decisiones de este tipo se lograba la debilidad estructural de cualquiera de los Estados resultantes. Sus disensiones internas (cuando no la rivalidad frontal) aseguraban un cuasi permanente estado de violencia, m\u00e1s o menos larvada o abierta, que no hac\u00eda m\u00e1s que empeque\u00f1ecer a los diferentes grupos enfrentados. Se evitaba as\u00ed que pudiera surgir un actor lo suficientemente poderoso como para cuestionar las reglas de juego impuestas desde el exterior en el arranque de la independencia, con una divisi\u00f3n internacional del trabajo que garantizaba la subordinaci\u00f3n de los nuevos Estados africanos a los intereses internacionales. Por otro, facilitaba el permanente dominio exterior de las antiguas metr\u00f3polis sobre sus antiguas colonias e incluso la injerencia directa cuando, en un cl\u00e1sico comportamiento paternalista, se consideraba que era necesaria la intervenci\u00f3n directa (incluyendo los medios militares) para pacificar el territorio y apaciguar o eliminar a los violentos.<\/p>\n<p>En este contexto, no puede extra\u00f1ar que los intereses, deseos, necesidades o expectativas de la poblaci\u00f3n africana no fueran tenidos en cuenta, por cuanto eran consideraciones de otro orden las que guiaban la aproximaci\u00f3n for\u00e1nea a \u00c1frica. Aunque el discurso (tan formalista como vac\u00edo de contenido real) ha manoseado constantemente los derechos humanos y la dignidad del individuo, como supuestas premisas b\u00e1sicas de la pol\u00edtica exterior y de las relaciones econ\u00f3micas con el continente, se han acumulado desde hace d\u00e9cadas pruebas sobradas de la hipocres\u00eda con la que se han valorado estas cuestiones en comparaci\u00f3n con las de \u00edndole econ\u00f3mica o geopol\u00edtica.<\/p>\n<p>En la actualidad, con el a\u00f1adido del creciente inter\u00e9s mostrado por nuevos actores internacionales (con China e India en posiciones destacadas), asistimos a una renovada competencia por el control de mercados y de fuentes de suministro africanos. Desgraciadamente, nada indica que en esta nueva etapa los intereses de la ciudadan\u00eda africana vayan a ser tomados en mayor consideraci\u00f3n de lo ocurrido hasta ahora. Por el contrario, mientras los tradicionales actores occidentales critican \u2013con raz\u00f3n\u2013 a los reci\u00e9n llegados a \u00c1frica por su desatenci\u00f3n a los derechos humanos o a la promoci\u00f3n de los valores democr\u00e1ticos, no puede decirse que realmente los primeros est\u00e9n tomando demasiado en serio sus propios argumentos en este terreno (como se recoge en el apartado siguiente). Desde la dominante visi\u00f3n mercantilista de nuestros d\u00edas, \u00c1frica contin\u00faa siendo sobre todo un rico reservorio de recursos naturales de todo tipo. Esto implica que tanto las principales potencias como los actores emergentes de este nuevo siglo parecen dispuestos a seguir luchando por su control, sin que consideraciones \u00e9ticas, morales o de simple justicia social parezcan frenos suficientes para reducir su codicia.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff9900;\"><strong><em>I.3. La apuesta por los gobernantes.<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p><i>locales sumisos<\/i> Dada la evidente dificultad para gestionar desde fuera los asuntos p\u00fablicos y privados de un continente de m\u00e1s de 30 millones de kil\u00f3metros cuadrados, se impuso desde el principio de su independencia la necesidad de contar con actores locales intermediarios que sirvieran, sobre el terreno, al ejercicio de control global de estos apetecidos territorios. A esto se un\u00eda, en el marco definido por la confrontaci\u00f3n bipolar propia de la Guerra Fr\u00eda, la conveniencia por contar con aliados propios que neutralizaran los movimientos del adversario (fuera este, Estados Unidos o la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica). En t\u00e9rminos ajedrecistas, se trataba de controlar o capturar nuevas casillas del tablero, no siempre por el valor intr\u00ednseco que \u00e9stas pudiera tener, sino \u00fanicamente para evitar que el adversario pudiera hacerse con alguna de ellas.<\/p>\n<p>A partir de estos presupuestos puede entenderse mejor que la vara de medida para identificar a esos aliados locales nunca haya sido su calidad democr\u00e1tica o su sinceridad a la hora de promover un aut\u00e9ntico Estado de derecho. Lo que realmente ha contado en la pr\u00e1ctica totalidad de los casos ha sido, llanamente, el grado de sumisi\u00f3n de esos actores locales a los dictados de sus patrones for\u00e1neos, en prosecuci\u00f3n mutuamente beneficiosa del mantenimiento de una estabilidad que garantizase la conservaci\u00f3n de sus respectivos privilegios.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, el juego destaca por su simplicidad, dado que todo se resume en dos reglas. La primera consiste en buscar \u2013unas veces apoyando a quien se convierta, por la v\u00eda que sea, en la autoridad f\u00e1ctica del territorio, y otras imponi\u00e9ndolo directamente\u2013 un interlocutor local que acepte su lugar subordinado en el juego. Se le garantiza a cambio el apoyo (econ\u00f3mico, pol\u00edtico y militar) necesario para asentar su poder y el goce de significativos beneficios en la explotaci\u00f3n de las riquezas nacionales. La segunda se traduce en asegurar su capacidad para mantener la estabilidad del territorio nacional, demand\u00e1ndole la suficiente voluntad para erradicar toda oposici\u00f3n o disidencia que pretenda modificar el <i>statu quo <\/i>imperante. En esa l\u00ednea, no suele haber reparos en justificar sus violaciones de los derechos de sus propios ciudadanos y en dotarlo de la capacidad represiva que se considere necesaria.<\/p>\n<p>Para quienes han venido defendiendo este modelo de relaciones a lo largo de las \u00faltimas d\u00e9cadas, incluso los puntuales ejercicios de apertura y reforma liderados por algunos gobernantes locales han sido vistos normalmente con recelo. Quienes se han atrevido a cuestionar el <i>statu quo <\/i>que los identificaba como actores subordinados, o quienes han apostado por reformas profundas de los imperfectos modelos heredados de la colonizaci\u00f3n, han sido percibidos en primera instancia como desestabilizadores y, por tanto, como un peligro que era necesario neutralizar o eliminar. Por otra parte, aun asumiendo que el desarrollo global es un camino deseable para toda sociedad, su implementaci\u00f3n puede resultar indeseable para los que prefieren el <i>statu<\/i> <i>quo <\/i>vigente, aunque solo sea por el temor a que se desencadenen procesos de cambio que pongan en cuesti\u00f3n unos privilegios de partida que se pretende mantener <i>ad infinitum<\/i>. De este modo, se comprende la frecuente inclinaci\u00f3n de los gobernantes locales (con el consentimiento pasivo o activo de sus aliados internacionales) a abortar verdaderos procesos de reforma estructural, en la medida en que ninguno de ellos desea verse expuesto a la incertidumbre que siempre supone controlar el resultado de un proceso que permita la emergencia de nuevos actores, con demandas que quiz\u00e1s no se acomoden a las dominantes hasta ese momento.<\/p>\n<p>Son muchos los ejemplos que en \u00c1frica responden a este esquema de dominio por control remoto. Como consecuencia de ello, los gobiernos africanos han acumulado un alto grado de corrupci\u00f3n e ineficiencia, al tiempo que han despilfarrado su legitimidad a los ojos de una poblaci\u00f3n que ha sido crecientemente excluida de los beneficios derivados de la explotaci\u00f3n de los ingentes recursos nacionales. Aunque nunca pueden olvidarse las excepciones democratizadoras, \u00e9sta ha sido la regla general de un continente que no por casualidad ocupa los lugares de cola en niveles de desarrollo y seguridad a escala planetaria. Es aqu\u00ed donde se concentra el mayor n\u00famero de conflictos, el de Estados fr\u00e1giles o fallidos, el de personas que viven por debajo de la l\u00ednea de pobreza\u2026 Y todo ello no como referencia a un pasado ya felizmente superado, sino a un presente oscuro y a un futuro inmediato no menos inquietante.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff9900;\"><strong>II. EL PAPEL DE LA UNI\u00d3N EUROPEA<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Si nos dejamos llevar por las im\u00e1genes habituales, la crisis aparece autom\u00e1ticamente como un concepto asociado desde siempre a \u00c1frica. Aunque en otros casos esa palabra se prefiera interpretar como una oportunidad y ventaja para el cambio, en lo que corresponde a \u00c1frica es inmediato constatar que la lectura que se impone es la que lo interpreta negativamente como peligro o amenaza. Como no pod\u00eda ser de otro modo, una lectura coyuntural de la situaci\u00f3n africana presenta hoy claroscuros en todos los \u00e1mbitos, lo que permite emitir, al gusto de cada uno, tanto un juicio esperanzador sobre su presente y futuro como otro plenamente frustrante. A modo de ejemplo, basta recoger los siguientes:<\/p>\n<p>\u2022 La crisis econ\u00f3mica mundial est\u00e1 golpeando en menor medida a \u00c1frica que a otros continentes. Con ser esto cierto, no puede evitarse la sensaci\u00f3n de que ese juicio \u00fanicamente indica que el continente est\u00e1 menos integrado en la econom\u00eda globalizada. Cabe a\u00f1adir, adem\u00e1s, que la crisis no ha terminado y que, en su previsible desarrollo, es f\u00e1cil pronosticar que acabar\u00e1 por llegar a la periferia del sistema (en la que \u00c1frica est\u00e1 ubicada). Por \u00faltimo, aunque cabr\u00eda alegrarse en principio de que esto haya sido as\u00ed, nada puede hacer olvidar que la situaci\u00f3n de partida es tan negativa en t\u00e9rminos microecon\u00f3micos que probablemente el continente no podr\u00eda soportar un nuevo impacto sin degenerar en un colapso generalizado.<\/p>\n<p>\u2022 A semejanza del lema electoral del hoy presidente de Estados Unidos, se ha presentado el campeonato mundial de futbol organizado por Sud\u00e1frica el pasado verano como una se\u00f1al inequ\u00edvoca de que \u201c\u00c1frica puede\u201d. Este apresurado juicio parece olvidar que Sud\u00e1frica es, desde hace mucho tiempo, una isla en el continente y que, por desgracia, ni siquiera hoy puede darse por garantizado que el sue\u00f1o de Nelson Mandela est\u00e9 vigente en ese pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u2022 El proceso de integraci\u00f3n regional sigue adelante. Para atestiguarlo deber\u00eda bastar con se\u00f1alar que la Uni\u00f3n Africana (UA) celebr\u00f3 en Uganda (Kampala, 25\/27 de julio de 2010) su XV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno. En todo caso, si se atiende a sus conclusiones, resulta m\u00e1s dif\u00edcil sostener ese aserto. En esencia, m\u00e1s all\u00e1 de condenar el atentado que el grupo terrorista somal\u00ed Al Shabab hab\u00eda cometido recientemente en la propia capital ugandesa(1), la UA volvi\u00f3 amostrar sus limitaciones para asumir en primera persona las tareas de paz y seguridad en el continente. Frente a una petici\u00f3n inicial para a\u00f1adir unos 14.000 efectivos militares para reforzar a la muy limitada AMISOM(2), en la Cumbre solo fue posible acordar el env\u00edo adicional de 4.000 soldados, a\u00fan pendientes de ser desplegados, todo ello sin modificar (como tambi\u00e9n se demandaba) el mandato de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2022M\u00e1s all\u00e1 del debate sobre el grado de deterioro o mejora de la situaci\u00f3n de seguridad del continente, es elemental entender que no hay ninguna amenaza a la paz que no tenga su plasmaci\u00f3n concreta en alguno de sus rincones. Desde guerras abiertas a focos de terrorismo, pasando por los efectosm\u00e1s negativos del imparable cambio clim\u00e1tico, sin olvidar los provocados por las pandemias, los flujos descontrolados de poblaci\u00f3n, los comercios il\u00edcitos, el crimen organizado, la exclusi\u00f3n, el hambre\u2026<\/p>\n<p>\u2022 A pesar del riesgo que tiene singularizar un panorama general tan repleto de amenazas y riesgos para la paz y la seguridad del continente en un solo factor, se impone la evidencia de que la pobreza es la principal de esas amenazas. Los datos no ofrecen dudas sobre la crudeza de la situaci\u00f3n, con m\u00e1s del 50%de la poblaci\u00f3n africana viviendo por debajo de la l\u00ednea de pobreza y con las dos terceras partes de todos los pa\u00edses que la ONU identifica como menos desarrollados ubicados en \u00c1frica. Sin caer en el simplismo de considerar que la pobreza es en s\u00ed misma sin\u00f3nimo de violencia, es elemental entender que la reducci\u00f3n o eliminaci\u00f3n de las enormes bolsas de exclusi\u00f3n(la pobreza no es m\u00e1s que la modalidad econ\u00f3mica de este problema) debe ser la principal prioridad de cualquier estrategia de construcci\u00f3n de la paz en el continente.<\/p>\n<p>Para la Uni\u00f3n Europea (UE), que pretende ser percibida como un actor de envergadura mundial, lo que ocurre en \u00c1frica no puede ser, desde ning\u00fan punto de vista, ajeno ni irrelevante. Y esto es as\u00ed no solo por lo ocurrido en el pasado \u2013experiencia colonial incluida\u2013 sino por elementales consideraciones de hoy y de ma\u00f1ana. Tal como recoge el t\u00edtulo de su Estrategia Europea de Seguridad(3), la UE entiende que su propia seguridad pasa inexorablemente por su activa contribuci\u00f3n a \u201cun mundo mejor\u201d. As\u00ed, en esenismo documento, cuando se hace referencia a los objetivos estrat\u00e9gicos que los Veintisiete han logrado consensuar, se habla de hacer frente a las amenazas, tanto las cercanas como las lejanas, y de crear seguridad en los pa\u00edses vecinos. Todo ello como reflejo de la imposibilidad de garantizar la seguridad propia sin atender a lo que ocurre m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de la Uni\u00f3n, dada la interrelaci\u00f3n planetaria en la que estamos inmersos.<\/p>\n<p>Hoy, m\u00e1s que nunca, somos conscientes de que ya se han borrado definitivamente la frontera entre la seguridad interior y la exterior y de que, igualmente, los intereses propios ya no se defienden prioritariamente en los l\u00edmites geogr\u00e1ficos de cada Estado sino en el complejo campo de juego mundial. A partir de la convicci\u00f3n de que ning\u00fan Estado del planeta dispone de las capacidades suficientes para enfrentarse con ciertas garant\u00edas de \u00e9xito a las amenazas que le afectan, se impone la necesidad de articular respuestas multilaterales que sumen voluntades a un esfuerzo com\u00fan. Del mismo modo se va imponiendo la idea de que el desarrollo y la seguridad son dos caras indisociables de la misma moneda, de tal forma que ni puede haber desarrollo sin seguridad ni viceversa. As\u00ed entendido, la UE \u2013que en s\u00ed misma es el mejor ejemplo de la respuesta multilateral a las amenazas y de la prevenci\u00f3n de conflictos violentos\u2013 tiene mucho que aportar a sus vecinos africanos como complemento al esfuerzo principal que \u00e9stos deben liderar. En todo caso, y visto en perspectiva, el proceso de relaciones entre ambos es todav\u00eda muy parco en resultados. Lastrado durante mucho tiempo por los sinsabores de la etapa colonial y por la aplicaci\u00f3n de las reglas de la Guerra Fr\u00eda \u2013que apenas tomaba en consideraci\u00f3n a \u00c1frica, salvo para seguir explotando sus recursos y para evitar que Mosc\u00fa pudiera adquirir posiciones de ventaja geopol\u00edtica\u2013 la \u00fanica referencia rese\u00f1able era la del Convenio de Lom\u00e9(4) (sustituido, a partir de 2000, por el Convenio de Coton\u00fa(5)). En este amplio marco, vigente entre 1975 y 2000 \u2013que integraba a 46 pa\u00edses africanos, a los que sumaban los del Caribe y los del Pac\u00edfico, hasta totalizar 71 beneficiarios\u2013, se regulaban las relaciones comerciales y de cooperaci\u00f3n entre ambas partes. Por un lado, se permit\u00eda que los principales productos agr\u00edcolas y mineros de estos pa\u00edses pudiesen entrar en la UE sin aranceles y, por otro, se creaban dos instrumentos de compensaci\u00f3n por las p\u00e9rdidas que pudieran sufrir estos exportadores por variaciones bruscas en los precios de dichos productos. Al igual que ocurr\u00eda con el esquema de relaciones que, en paralelo, Bruselas hab\u00eda formalizado con los entonces denominados Pa\u00edses Terceros Mediterr\u00e1neos(6), en esencia, se trataba de un instrumento de car\u00e1cter comercial, con una cierta dosis de cooperaci\u00f3n al desarrollo, pero desconectada de la agenda de seguridad y sin posibilidades de impulsar a ninguno de los pa\u00edses beneficiarios hacia un nivel de desarrollo s\u00f3lido.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff9900;\"><strong><em>II.1. Punto de arranque (2000-2007)<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p>No fue hasta el a\u00f1o 2000 cuando la UE modific\u00f3 su aproximaci\u00f3n compartimentada al continente \u2013con los pa\u00edses del Norte de \u00c1frica enmarcados en la Asociaci\u00f3n Euro- Mediterr\u00e1nea y el resto en el entonces naciente Convenio de Coton\u00fa\u2013 para establecer una estrategia de car\u00e1cter omnicomprensivo. Resultado de ello fue la celebraci\u00f3n de la primera Cumbre UE-\u00c1frica, convocada en El Cairo en marzo de ese mismo a\u00f1o. Tomada como punto de arranque de una nueva etapa en la que se procur\u00f3, desde el principio, impulsar simult\u00e1neamente el desarrollo global y la seguridad, la UE mostr\u00f3 un claro apoyo tanto a la iniciativa de Nueva Asociaci\u00f3n para el Desarrollo de \u00c1frica (NEPAD)(7 )como a la entonces flamante Uni\u00f3n Africana(8).<\/p>\n<p>Cabe recordar en este punto que la UA naci\u00f3 con un claro enfoque de paz y seguridad basado en tres principios: a) la apuesta por la unidad africana; b) el compromiso un\u00e1nime sobre la promoci\u00f3n de la gobernabilidad democr\u00e1tica como base fundamental para la paz y la seguridad del continente; y c) \u201csoluciones africanas para problemas africanos\u201d, con la idea de asumir el protagonismo en la respuesta com\u00fan a los problemas generados entre los miembros de la UA (sin descartar la injerencia en asuntos internos en determinados casos). En una fase posterior, la Uni\u00f3n Europea cre\u00f3, en 2003, la Facilidad de la Paz para \u00c1frica (FPA), financiada inicialmente con 440 millones de euros en el marco del 9\u00ba Fondo Europeo para el Desarrollo (FED, 2002-2007), con la intenci\u00f3n de ayudar a la UA \u2013que hab\u00eda puesto en marcha, en diciembre de ese mismo a\u00f1o, su Consejo de Paz y Seguridad\u2013 a dotarse de medios en este terreno. Aunque posteriormente, en el 10\u00ba FED (2008-2013), los fondos se redujeron hasta los 300 millones de euros, m\u00e1s que resaltar esa evoluci\u00f3n negativa tiene m\u00e1s sentido subrayar que la capacidad de absorci\u00f3n de la propia UA para aprovechar este instrumento financiero sigue siendo a\u00fan hoy muy limitada. En concreto, de los 92 millones de euros que el 9\u00ba y 10\u00ba FED otorgaban para generaci\u00f3n de capacidades, la UA solo ha usado el 16%en el marco de la Arquitectura para la Paz y Seguridad de \u00c1frica (a la que se hace referencia m\u00e1s adelante en este mismo texto).<\/p>\n<p>La FPA no puede financiar costes de los efectivos militares o de adquisici\u00f3n de armas, pero sirve para cubrir gastos log\u00edsticos, de planificaci\u00f3n y de gesti\u00f3n presupuestaria. En esencia, se estableci\u00f3 como un complemento al impulso de la UA por dotarse de medios propios con los que poder mejorar el clima de inseguridad e inestabilidad generalizada que caracteriza al continente. En ese sentido, apuesta por el protagonismo africano \u2013como queda de manifiesto en misiones como AMIB (Burundi, abril de 2003), AMIS (Sud\u00e1n, julio de 2004) y AMISOM (Somalia, enero de 2007)\u2013, todas ellas aprobadas y lideradas por la UA. En todo caso, el apoyo operativo e institucional que presta la Uni\u00f3n Europea en este campo no se limita a las operaciones africanas de paz sino que tambi\u00e9n aspira a reforzar a largo plazo las capacidades de la UA y de las ocho iniciativas subregionales ya existentes(9).<\/p>\n<p>Adicionalmente, la UE ha optado en diferentes ocasiones por implicarse directamente en el territorio africano, desplegando sus capacidades militares al servicio de la paz y la seguridad de diversos pa\u00edses. El punto de arranque suele establecerse en agosto de 2003, con ocasi\u00f3n del despliegue de la Operaci\u00f3n Artemis que, bajo el liderazgo franc\u00e9s, llev\u00f3 a cabo en Bunia (Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo) tareas de apoyo a la misi\u00f3n de la ONU en el pa\u00eds, al tiempo que procuraba mejorar la situaci\u00f3n de seguridad y permitir la acci\u00f3n humanitaria. Almagren del juicio que merezca la activaci\u00f3n, por primera vez, de una misi\u00f3n militar exclusivamente bajo mando de la UE, interesa destacar aqu\u00ed que se desperdici\u00f3 la posibilidad de hacerlo en colaboraci\u00f3n con la reci\u00e9n creada UA. A esta operaci\u00f3n siguieron otras como EUSEC\/ EUROPOL (Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo, 2005), de car\u00e1cter netamente policial y judicial.<\/p>\n<p>De lo ocurrido en este per\u00edodo se deduce un cambio de actitud por parte de Bruselas, en consonancia con el que estaba teniendo lugar en el seno de la UA, para contribuir a que sean los propios africanos los que se encarguen en primera instancia de resolver sus propios problemas. Queda para el debate dilucidar si este giro se debi\u00f3 m\u00e1s a un sincero inter\u00e9s por evitar posibles acusaciones de neocolonialismo o, por el contrario, a un intento por traspasar a otros esa responsabilidad ante la falta de voluntad en los gobiernos comunitarios por implicar directamente a sus propios soldados en escenarios lejanos. A ese posible debate puede a\u00f1ad\u00edrsele la evaluaci\u00f3n sobre el volumen del esfuerzo presupuestario realizado, cuando se verifica que a lo largo de esos a\u00f1os no se ha logrado eliminar ninguno de los focos de violencia estructural abiertos en el continente ni se ha producido el acceso de ninguno de los miembros de la UA al restringido club de los pa\u00edses desarrollados. En todo caso, como balance provisional, cabe decir que, una vez m\u00e1s, hay un notable desfase entre lo que se formulaba como objetivos deseables (con compromisos m\u00e1s o menos formales que deb\u00edan materializarse a corto plazo) y lo que efectivamente se ha plasmado en hechos. A riesgo de repetir lo ya manifestado en otros casos, tambi\u00e9n aqu\u00ed hay que decir que las responsabilidades han estado repartidas entre la UE y la UA.<\/p>\n<p><strong><em><span style=\"color: #ff9900;\">II.2. Salto cualitativo<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em><span style=\"color: #ff9900;\">&nbsp;<\/span><\/em><em><span style=\"color: #ff9900;\">(Lisboa, 8\/9 de diciembre de 2007)<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p>Como desembocadura l\u00f3gica del camino recorrido desde 2000, Lisboa sirvi\u00f3 de marco para la celebraci\u00f3n de la II Cumbre UE-\u00c1frica. En ese encuentro se decidi\u00f3 la puesta en marcha de la Estrategia Com\u00fan UE-\u00c1frica que persigue establecer una relaci\u00f3n entre iguales \u2013rompiendo el esquema de donante\/receptor\u2013 en torno a ocho asociaciones tem\u00e1ticas:<\/p>\n<p>\u2022 Paz y seguridad.<\/p>\n<p>\u2022 Gobernanza democr\u00e1tica y derechos humanos.<\/p>\n<p>\u2022 Comercio, integraci\u00f3n regional e infraestructuras.<\/p>\n<p>\u2022 Objetivos de Desarrollo del Milenio.<\/p>\n<p>\u2022 Energ\u00eda.<\/p>\n<p>\u2022 Cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n<p>\u2022 Migraciones, movilidad y empleo.<\/p>\n<p>\u2022 Ciencia, sociedad de la informaci\u00f3n y espacio.<\/p>\n<p>Aunque sea la primera de ellas la que destaca por su importancia a los efectos de lo analizado en estas p\u00e1ginas, es inmediato deducir que muchas de las otras tambi\u00e9n est\u00e1n conectadas con la estabilidad y seguridad del continente. En referencia m\u00e1s expl\u00edcita a los temas de paz y seguridad, Lisboa supone una mayor implicaci\u00f3n de los Veintisiete con la Arquitectura para la Paz y Seguridad de \u00c1frica (APSA), una ambiciosa aspiraci\u00f3n ya formulada por la UA desde el arranque de su Consejo de Paz y Seguridad y en la que la UE se implica sobre la base de un di\u00e1logo sobre retos comunes (a partir de una reconocida interdependencia en todos los terrenos) y la voluntad de lograr su pronta implementaci\u00f3n garantizando un marco presupuestario cre\u00edble para ello.<\/p>\n<p>La APSA define el marco de prevenci\u00f3n, gesti\u00f3n y resoluci\u00f3n de conflictos violentos en el continente. Se estructura en un \u00f3rgano decisorio (Consejo de Paz y Seguridad), un servicio de informaci\u00f3n e inteligencia (Sistema de Alerta Temprana Continental), un brazo armado (Fuerza Africana de Reserva (FAR) y Comit\u00e9 de Estado Mayor Militar), un \u00f3rgano consultor y de mediaci\u00f3n (Panel de Sabios) y un presupuesto propio (Fondo de Paz).<\/p>\n<p>Como uno de los componentes m\u00e1s simb\u00f3licos del compromiso comunitario con sus socios africanos se anunciaba que, ya en 2010, deber\u00eda lograrse la consolidaci\u00f3n de la Fuerza Africana de Reserva (African Stand-by Force), como el brazo armado del Consejo de Paz y Seguridad de la UA. La FAR es un instrumento militar concebido para disponer de cinco brigadas permanentes(10), cada una ubicada (con su propio cuartel general e instalaciones) en una de las cinco regiones en las que se divide el continente a estos efectos), y con una alta disponibilidad para el despliegue inmediato (de catorce a treinta d\u00edas despu\u00e9s de que se tome la decisi\u00f3n) en distintas operaciones de paz.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la Uni\u00f3n Europea ha seguido adelante con la activaci\u00f3n de sus propias misiones \u2013como EUSSR Guinea-Bissau (2008), EUNAV-FOR Atalanta (Somalia, 2008) o EUFOR Tchad\/RCA (2008)\u2013 en las que apenas se ha contado con la Uni\u00f3n Africana como socio en pie de igualdad.<\/p>\n<p>Este per\u00edodo se ha cerrado con la III Cumbre UE-\u00c1frica, celebrada en Tr\u00edpoli los d\u00edas 29 y 30 de noviembre de 2010. A pesar de que en ella se puso de manifiesto, una vez m\u00e1s, la existencia de relevantes discrepancias internas, fue posible aprobar el II Plan de Acci\u00f3n (2011-13)(11) y renovar el compromiso (pol\u00edtico y presupuestario) de Bruselas en temas de paz y seguridad, en el marco de la APSA, especialmente en referencia a: prevenci\u00f3n de conflictos, formaci\u00f3n y capacitaci\u00f3n de la FAR y reconstrucci\u00f3n posb\u00e9lica. El cierre de esta cita sirve para volver a mostrar la decepci\u00f3n que supone el hecho de que \u2013a pesar del acuerdo un\u00e1nime en que la pobreza es el primer problema del continente y que, en clave de paz y seguridad, su erradicaci\u00f3n debe ser una prioridad central\u2013 siga sin existir una asociaci\u00f3n tem\u00e1tica en el marco de la Estrategia Conjunta que aborde en primer t\u00e9rmino su resoluci\u00f3n. Lo mismo cabr\u00eda decir, por su inmediata cercan\u00eda a este problema, de otras asociaciones para lograr avances sustanciales en los sistemas de educaci\u00f3n y en la lucha contra el hambre y las pandemias que afectan a un importante n\u00famero de africanos.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff9900;\"><strong>III. A MODO DE REMATE PROVISIONAL<\/strong><\/span><\/p>\n<p>A pesar de las reiteradas declaraciones de intenciones, tanto de la UA como de la UE, sobre la conveniencia y la perentoria necesidad de contar con una APSA totalmente operativa, la realidad muestra que no ha sido posible superar los numerosos obst\u00e1culos que todav\u00eda lastran su desarrollo. Por mencionar solo algunos, queda por crear un verdadero sentimiento de integraci\u00f3n africana que supere la barrera que separa a los norteafricanos de los subsaharianos, encaminados durante mucho tiempo por v\u00edas divergentes. Lo mismo puede decirse en clave religiosa, cuando se asiste a repetidos choques violentos en los que unos y otros manipulan esas se\u00f1as de identidad primarias. Tampoco es f\u00e1cil conjugar las agendas de instituciones subregionales que no quieren diluirse repentinamente en una \u00fanica din\u00e1mica continental, ni los particularismos caudillistas que pretenden liderar el proceso en t\u00e9rminos de dominaci\u00f3n de unos sobre otros. Por \u00faltimo, aunque a nadie puede escapar su importancia, hay que reconocer que nunca se ha logrado garantizar un presupuesto acorde con las necesidades tantas veces definidas en los sucesivos encuentros oficiales.<\/p>\n<p>Por lo que corresponde m\u00e1s directamente a los Veintisiete no puede olvidarse que \u2013aunque ya haya logrado salir de la par\u00e1lisis institucional, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa\u2013 la UE sigue todav\u00eda sin ser un actor con una voz \u00fanica en el concierto internacional. Este lastre hipoteca sus propias formulaciones program\u00e1ticas y explica en buena medida sus deficiencias y limitaciones en la relaci\u00f3n con otros actores. Si a esto se a\u00f1ade el impacto de una crisis econ\u00f3mica que incluso cuestiona la supervivencia de su propia moneda, no es f\u00e1cil imaginar c\u00f3mo va a poder desarrollarse una aut\u00e9ntica Pol\u00edtica Com\u00fan de Seguridad y Defensa, y en qu\u00e9 orden de prioridad quedar\u00e1 \u00c1frica ante el previsible recorte de fondos presupuestarios para materializarla.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo conviene recordar que hablamos de marcos de relaci\u00f3n intercontinental y de mecanismos creados muy recientemente y, por tanto, con escaso recorrido y con limitada capacidad para vencer inercias hist\u00f3ricas muy poderosas que no siempre apuntan al entendimiento sino al resquemor y a la venganza. En esas condiciones es recomendable observar el proceso en marcha con una notable dosis de paciencia, confiando en que termine por imponerse la visi\u00f3n que entiende la interdependencia como un factor de obligado est\u00edmulo para la cooperaci\u00f3n en todos los \u00f3rdenes. Por un lado, el panafricanismo es una clave que apenas se remonta a 1990, intentando revertir el efecto pernicioso de la colonizaci\u00f3n europea y superar el af\u00e1n de protagonismo de algunos l\u00edderes africanos para ser reconocidos como <i>primus inter pares<\/i>. Por otro, la Uni\u00f3n Europea acaba de atravesar un per\u00edodo cr\u00edtico para profundizar su modelo de bienestar y seguridad, al tiempo que intenta digerir sin atragantarse la mayor ampliaci\u00f3n de su historia, integrando a numerosos pa\u00edses de la Europa central y oriental. En estas condiciones, su vocaci\u00f3n exterior (m\u00e1s all\u00e1 de su car\u00e1cter de socio comercial y de donante) se ha visto significativamente limitada no solo en \u00c1frica sino en cualquier otro escenario.<\/p>\n<p>Por su parte, como si quisiera evitar cualquier tipo de triunfalismo, 2010 se despide con se\u00f1ales tan preocupantes como las que emiten Nigeria y Costa de Marfil. En el primero, grupos violentos, tanto musulmanes como cristianos, volv\u00edan a enfrentarse en la ciudad de Jos, en lo que podr\u00edan considerarse r\u00e9plicas de los choques ocurridos durante las fechas navide\u00f1as en la regi\u00f3n, con un saldo de unos 40muertos, todo ello en un escenario preelectoral (13 de enero) que apunta a un incremento notable de la violencia. En el segundo, el presidente saliente, Laurent Gbagbo, se resiste violentamente a ceder el paso al vencedor de las elecciones del 28 de noviembre, Alassane Ouattara, lo que ha provocado que la UA haya suspendido a Costa de Marfil como miembro de la organizaci\u00f3n y que la violencia que se arrastra desde el d\u00eda de las elecciones amenace con derivar en una reapertura de la guerra civil que sufri\u00f3 este pa\u00eds en 2002- 2004.Nomenor es la preocupaci\u00f3n que deriva del refer\u00e9ndum que Sud\u00e1n prev\u00e9 realizar el 9 de enero y, en t\u00e9rminos m\u00e1s generales, lo que puedan deparar la veintena de procesos electorales previstos a lo largo de 2011.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, como ha quedado de manifiesto en la reciente Cumbre de Tr\u00edpoli, la Estrategia Com\u00fan aprobada en la Cumbre de Lisboa est\u00e1 a\u00fan muy lejos de ser operativa. Entre los problemas m\u00e1s se\u00f1alados que quedan por resolver para impulsar su desarrollo hay que destacar, sin duda, la enorme dificultad que supone encajar las m\u00faltiples iniciativas en marcha (desde la Uni\u00f3n por el Mediterr\u00e1neo hasta el Convenio de Coton\u00fa y las ocho instituciones subregionales ya existentes) y, no menos relevante, el bloqueo en torno a la implementaci\u00f3n concreta del II Plan de Acci\u00f3n (tanto por la previsible falta de financiaci\u00f3n asegurada para sus distintos componentes como por las abiertas diferencias entre las prioridades que defienden la UE y la UA).<\/p>\n<p>Cabr\u00eda hablar, todav\u00eda hoy, del efecto negativo de un sentimiento de mutua desconfianza entre ambos actores. Por encima de cualquier otra consideraci\u00f3n, la Uni\u00f3n Europea sigue percibiendo a \u00c1frica como un problema y\/o una amenaza, m\u00e1s que como una oportunidad con destino compartido. La Uni\u00f3n Africana, por su lado, a\u00fan ve a la UE como un donante taca\u00f1o y presto a imponer normas de condicionalidad (mientras otros, como China, act\u00faan con par\u00e1metros menos exigentes y, a corto plazo, m\u00e1s operativos). En estas condiciones resulta muy dif\u00edcil superar las reticencias y los obst\u00e1culos objetivos (tanto pol\u00edticos como econ\u00f3micos) para manejar la complejidad de unas estructuras institucionales tan complejas y con tan alta diversidad de voces en su seno. A corto plazo queda por ver c\u00f3mo ser\u00e1 el desarrollo del Servicio de Acci\u00f3n Exterior de la UE y si la UA lograr\u00e1 dotarse de capacidades que le permitan (como ya tienen los Veintisiete) controlar las agendas nacionales y subregionales que dif\u00edcilmente conviven en su seno.<\/p>\n<p>En resumen, la situaci\u00f3n actual muestra bien a las claras que la permanencia del modelo hist\u00f3rico de relaciones \u2013tanto internas como regionales o internacionales\u2013 no augura una salida esperanzadora para una poblaci\u00f3n que ha sido constantemente marginada. Si, como demuestra la historia reciente del continente, no son consideraciones \u00e9ticas las que hayan movilizado la necesaria voluntad pol\u00edtica para modificar de ra\u00edz esos esquemas, deber\u00eda serlo al menos el puro ego\u00edsmo inteligente. Aquel que entiende tanto la imposibilidad del sostenimiento de un modelo desigual e injusto como la creciente interdependencia en un mundo globalizado en el que nuestras necesidades (alimentarias, energ\u00e9ticas\u2026) no podr\u00e1n ser cubiertas durante mucho m\u00e1s tiempo aplicando la misma f\u00f3rmula. Lo que, en consecuencia, se plantea como camino no ya prioritario sino radicalmente obligatorio es entender que nuestro desarrollo no puede asentarse en el subdesarrollo de nuestros vecinos y que, igualmente, nuestra seguridad no puede lograrse a costa de la inseguridad de quienes nos rodean.<\/p>\n<p>La estabilizaci\u00f3n de \u00c1frica es necesaria, pero solo si se entiende como un proceso din\u00e1mico. Eso debe traducirse, primero, en un cambio de tendencia con respecto a la situaci\u00f3n actual en la que se han acumulado ya demasiadas \u201cd\u00e9cadas perdidas\u201d. Adem\u00e1s, debe suponer un cambio de prioridades para colocar por encima no tanto la seguridad de los Estados como la seguridad humana de sus habitantes, atendiendo a sus necesidades m\u00e1s perentorias y a la neutralizaci\u00f3n de las amenazas de que manera m\u00e1s directa afectan a sus vidas. El esfuerzo principal debe ser asumido por los propios africanos, pero, dado el volumen del empe\u00f1o, resulta fundamental la activaci\u00f3n de la voluntad pol\u00edtica internacional para acompa\u00f1ar ese proceso hasta el final.<\/p>\n<p>Ojal\u00e1 que as\u00ed sea.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<hr \/>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Notas:&nbsp;<\/p>\n<p>1 Por primera vez en su macabro recorrido, Al Shabab decidi\u00f3 llevar a cabo una acci\u00f3n violenta fuera del territorio somal\u00ed, provocando la muerte de 66 personas que asist\u00edan, el 11 de julio, a la retransmisi\u00f3n televisiva de la final del campeonato mundial de f\u00fatbol.<\/p>\n<p>2 La Misi\u00f3n de la Uni\u00f3n Africana para Somalia fue aprobada por el Consejo de Paz y Seguridad de la UA el 19 de enero de 2007 con la tarea de apoyar a la consolidaci\u00f3n de las estructuras federales de gobierno, poner en marcha un plan nacional de paz, instruir a las fuerzas armadas somal\u00edes y garantizar un entorno de seguridad que permita el desarrollo de la acci\u00f3n humanitaria.<\/p>\n<p>3 Aprobada en Bruselas por el Consejo Europeo del 12 de diciembre de 2003 con el t\u00edtulo de \u00abUna Europa segura en un mundo mejor\u00bb. V\u00e9ase <a href=\"http:\/\/www.consilium.europa.eu\/uedocs\/cmsUpload\/031208ESSIIES.pdf\">www.consilium.europa.eu\/uedocs\/cmsUpload\/031208ESSIIES.pdf<\/a><\/p>\n<p>4 Sustituye a la Convenci\u00f3n de Yaound\u00e9 y se concreta en cuatro generaciones de acuerdos. Progresivamente se puso en marcha el STABEX, para los productos agr\u00edcolas (Lom\u00e9 I, 1975), y el SYSMIN, para los mineros (a partir de Lom\u00e9 II, en 1979).<\/p>\n<p>5 Marco vigente en la actualidad y en el que ya figuran 48 Estados africanos.<\/p>\n<p>6 Tras la firma de algunos acuerdos comerciales bilaterales en el per\u00edodo 1957-72, Bruselas puso en marcha la Pol\u00edtica Global Mediterr\u00e1nea (1972-92), la Pol\u00edtica Mediterr\u00e1nea Renovada (1992-96) y la Asociaci\u00f3n Euro-Mediterr\u00e1nea, a partir de 1995, a la que se fueron a\u00f1adiendo posteriormente la Pol\u00edtica Europea de Vecindad (2004- ) y la Uni\u00f3n por el Mediterr\u00e1neo (2008- ). De los pa\u00edses africanos, \u00fanicamente Marruecos, Argelia, T\u00fanez y Egipto (Libia solo figura como observador) est\u00e1n integrados en estos marcos. Mauritania, en la actualidad, forma parte asimismo de la Uni\u00f3n por el Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>7 Fue adoptada inicialmente en la 37\u00aa Sesi\u00f3n de la Asamblea de jefes de Estado y de Gobierno de la OUA, celebrada en Lusaka (Zambia) en julio de 2001, y asumida posteriormente por la UA en su primera sesi\u00f3n oficial. Sus prioridades de partida fueron la erradicaci\u00f3n de la pobreza, la promoci\u00f3n del crecimiento y desarrollo sustentable, la integraci\u00f3n africana en los mercados mundiales y el empoderamiento de las mujeres.<\/p>\n<p>8 En sustituci\u00f3n de la Organizaci\u00f3n para la Unidad Africana, y con la \u00fanica excepci\u00f3n de Marruecos, la UA inici\u00f3 su andadura con la celebraci\u00f3n de su primera sesi\u00f3n oficial en Durban (Sud\u00e1frica) en julio de 2002.<\/p>\n<p>9 La Comunidad de Estados Sahelosaharianos (CEN-SAD), la Comunidad Econ\u00f3mica y Monetaria del \u00c1frica Central (CEMAC), el Mercado Com\u00fan del \u00c1frica Meridional y Oriental (COMESA), la Comunidad Econ\u00f3mica de los Estados de \u00c1frica Central (CEEAC), la Comunidad Econ\u00f3mica de los Estados de \u00c1frica Occidental (CEDEAO), la Comisi\u00f3n del Oc\u00e9ano \u00cdndico (COI), la Comunidad para el Desarrollo del \u00c1frica Meridional (SADC), la Uni\u00f3n Econ\u00f3mica y Monetaria de \u00c1frica Occidental (UEMOA). Y todav\u00eda cabr\u00eda a\u00f1adir a la Uni\u00f3n del Magreb \u00c1rabe (UMA), si finalmente se asume la \u00f3ptica panafricana.<\/p>\n<p>10 North African Brigade, SADBRIG, EASBRIG, ECOBRIG y Central African Brigade.<\/p>\n<p>11 Estipula el apoyo presupuestario al desarrollo de las ocho asociaciones tem\u00e1ticas que constituyen la Estrategia&nbsp;com\u00fan UE-\u00c1frica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Cap\u00edtulo para la publicaci\u00f3n&nbsp;La agenda africana de desarrollo: el papel de Espa\u00f1a y la &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":194,"featured_media":5465,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[182,140],"tags":[],"iecah_area":[],"iecah_language":[],"class_list":["post-5466","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-actualidad","category-articulos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v17.2 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>\u00c1frica m\u00e1s all\u00e1 de la crisis: la estabilizaci\u00f3n del continente - IECAH<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"El 19 de abril, el Gobierno de Bachar el Asad anunci\u00f3 el fin del estado de emergencia, que estuvo en vigor desde que, en 1963, el omnipresente partido Baaz tom\u00f3 las riendas de Siria. 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